Autor:

Juan Ramón Sanz Villa

Titulo:

Batalla en el Metro entre la Policía Municipal y la Guardia Civil

Fecha:

20 de marzo de 1922

Lugar:

Madrid

Los tira y afloja entre los poderes municipales madrileños y el poder central del Estado han sido frecuentes desde el mismo traslado de la Corte a Madrid, cuando comenzaron a convivir en la misma ciudad dos instituciones que no siempre mostraban compartir los mismos intereses. 
 
El desencuentro más espectacular entre estas dos instituciones se produjo en la noche del 20 de marzo de 1922 cuando se llegó a producir un verdadero choque armado entre la Policía municipal y la Guardia Civil a cuenta de las obras del metro de Madrid. Este enfrentamiento terminó con numerosos detenidos, entre ellos los mandos de la Policía Municipal y varios concejales, y también con la dimisión irrevocable del propio Alcalde de Madrid, tal fue el escándalo. 
 
 
Para relatar de forma ordenada los acontecimientos, probablemente sea necesario retroceder 2 años antes de producirse el altercado. Nos trasladamos pues a la inauguración de la primera línea de metro madrileña entre Sol y Cuatro Caminos el 17 de octubre de 1919. La primera piedra de las líneas de transporte subterráneo ya estaba instalada. Sólo quedaba extenderlas por toda la ciudad con toda rapidez, inaugurando el mayor número de estaciones posible.
 

 
Y aquí es cuando las obras chocaron con los intereses municipales ya que el Consejo de Administración del Metro no se atuvo a las Ordenanzas municipales de ocupación de la vía pública por las que debía pagar un determinado canon. Asimismo tampoco se realizaba correctamente, o no se realizaba en absoluto, la ubicación de vallas de seguridad en la vía pública para prevenir accidentes y se producían desafueros como la tala y abandono de un centenar de árboles de la calle Magdalena, realizada sin el consentimiento municipal pocos días antes del enfrentamiento, en lo que parece fue la gota que colmó el vaso.

 
Los acontecimientos se precipitaron el 20 de marzo de 1922 cuando unos técnicos municipales acompañados por el Teniente Alcalde se presentaron en la estación de Puerta de Atocha para llevar cabo una inspección que podía conllevar la suspensión de las obras. No obstante, fueron expulsados de mala manera por la seguridad reforzada por la Guardia Civil. El alcalde de Madrid, Marqués de Villabrágima e hijo del Conde de Romanones, se personó en el lugar media hora más tarde, junto con varios concejales más acompañados por la Policía Municipal. Al persistir la negativa el Subjefe de la Guardia Municipal Manuel Garrido intentó entrar en la obra pero la Guardia Civil lo derribó a culatazos y llegó amenazar con sus pistolas al grupo formado por el Alcalde y los concejales.
 
Los incidentes se extendieron por varios puntos más de las obras, que prácticamente ocupaban todo Madrid. Se lee en el Heraldo de Madrid "cuando entró el Jefe de la Guardia Municipal, señor Camarero, en las obras que había frente al Ministerio de la Guerra, vio a un Guardia municipal al que un individuo de la Benemérita agredía a sablazos. El señor Camarero acudió rápido en auxilio de su subordinado. El Cabo de caballería de la Guardia Civil arremetió con el caballo contra el Jefe de la Guardia Municipal". En otros puntos se produjo la detención de numerosas autoridades y guardias y los enfrentamientos incluyeron cargas a caballo en la calle Alcalá.  
 
 
A medianoche, poco después de haber sido puestos en libertad todos los detenidos, el Alcalde realizó declaraciones a la prensa, explicando lo sucedido, y acusando de la desproporción de la actuación de la Guardia Civil. Al día siguiente siguió la lucha, esta vez en el Congreso. El Marqués de Villabrágima defendió la actuación municipal en un agrio enfrentamiento con el Presidente del Gobierno quien le recordó que su puesto era subordinado al del Ministerio de la Gobernación a la vez que le exigía la dimisión de su cargo. En ese punto Andrés Saborit, diputado socialista, acusó al Gobierno de haberse vendido por un millón de pesetas a la empresa privada y a los intereses de “cierta elevada personalidad” aludiendo de forma directa a la cantidad adquirida en acciones de Metro por el propio rey Alfonso XIII y al interés personal de este en la rápida finalización de las obras.
 
Poco a poco las aguas volvieron a su cauce. El Ayuntamiento recibió una compensación de 81.000 pesetas y las obras del metro continuaron sin mayores incidencias.

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